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Pensamiento antiguo versus pensamiento moderno PDF Imprimir E-mail

Se asume una base común y una tradición filosófica que se ofrece al historiador de la disciplina como desarrollo conceptual y una conciencia de sí mismo y del mundo bien definida. 1. He aquí la primera gran diferencia, la índole muy particular de la conciencia de sí, en la modernidad. Descartes introduce el cogito y la función del yo y la voluntad. Autoconciencia y operatividad son los rasgos de un yo que duda hasta el extremo de derruir las más preciadas certezas, reafirmándose en la mayor de ellas, en la existencia del yo autónomo y constructor del mundo.

 

 La imagen es connotativa de escaneo visual circular. 

 

El texto es denotativo de arreglo lineal, secuencial, analítico.

2. Otra diferencia está dada por el concepto de sistema. Se piensa en Hegel y la noción de la totalidad racional representada en el sistema. Sólo la cadena completa de verdades puede oponerse al escepticismo. Se habla de voluntad de sistema y de duda metódica como de dos caras de una misma moneda. 3. Otro rasgo propiamente moderno es el carácter autodestructivo de su metafísica, que impone la duda incluso sobre el valor propio de la ciencia. 4. En la modernidad hay una línea de pensamiento que comienza con Descartes, sigue con Kant y representa la autonomía de la subjetividad. Hay otra línea, reactiva, que pasa por Spinoza, Leibniz, Schelling y Hegel y que pretende integrar esta subjetividad en un pensamiento cuyo principio es lo absoluto. Con Kant es el yo el principio que garantiza la unidad del mundo, no más Dios. Ello significa un paso adelante en la aplicación del principio verumfactum. Kant también es importante en el ámbito de la Ética, a través de la oposición SER y DEBER SER, ya anticipada en Platón en la oposición entre mundo sensible y mundo inteligible. De esta oposición deriva la importante consecuencia de que nada empírico puede ser fundamento de la acción moral. Platón y Kant estarían de acuerdo en que algo que es no puede fundar algo que debe ser. Kant va aún más allá y afirma que la voluntad del ser dotado de razón es lo único que tiene valor intrínseco. De donde se sigue que la naturaleza deja de ser objeto directo de deber moral. 5. Para Platón y Aristóteles existe una jeraquía que refleja el valor relativo de las distintas partes del alma. La razón posee para ellos valor intrínseco. El absolutismo del yo no admite, en cambio, ninguna jerarquía. El yo carece de estructura y el mundo externo es infinito y homogéneo. 6. Hay diferencias marcadas en el ámbito de la filosofía política. Dos obras se destacan en este aspecto, Utopía de Tomás Moro y El príncipe de Maquiavelo. La primera ahonda en la conciencia del carácter ilusorio del ideal moral; la segunda, en la fundamentación del comportamiento especial del estadista respecto del hombre común. i) El concepto moderno propio de la filosofía política es el de CONTRATO. El Estado viene a ser un asunto puramente humano (¿consecuencias de orden ecológico?). Para el pensamiento político antiguo el Estado es una parte del Cosmos y carece de un concepto de progreso. Para los modernos, el Estado no necesita adecuarse a la naturaleza. El contrato supone sujetos autónomos. Los niños son un problema serio para este punto de vista moderno, pues se sigue que no es llegar y comprometer a las generaciones venideras con contratos celebrados en este tiempo. En Hobbes, Locke, Kant y Fichte el contrato se basa en la conveniencia de las partes. El Estado se funda en un egoísmo racional que no explica, por ejemplo, por qué debería exigir las vidas de los ciudadanos, en una situación extrema. La discusión es sobre deberes y derechos. ii) Otra categoría moderna es la IGUALDAD, fundamento de una ética universal, incompatible con el espíritu aristocrático de la antigüedad. La homogeneización científica de la Física y de la Ética se repite también en la Política. La igualdad conduce a la democratización del mundo, aunque ésta requiera igual de la conducción y no reparta equitativamente el poder político. iii) Libertad significa en la época moderna el respeto por la esfera íntima de la subjetividad, en tanto no pase por encima de las leyes del Estado. La armonía entre el alma y el Estado parece ingenua, pero resulta difícil de creer que una buena vida para el individuo, según Aristóteles la gran finalidad del Estado, pueda conseguirse sin aquélla.
 
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